Usos y Costumbres de Oaxaca: El Sistema de Gobierno Comunitario
Oaxaca es el estado con mayor diversidad cultural de México, y esa diversidad no se limita a las lenguas, la gastronomía o las artesanías. Se extiende a la forma misma en que las comunidades se gobiernan. Mientras que en la mayor parte de México los municipios eligen a sus autoridades mediante partidos políticos y campañas electorales, en Oaxaca 418 de sus 570 municipios se rigen por un sistema de gobierno propio conocido como “usos y costumbres” o, más recientemente, “sistemas normativos internos”.
Este no es un sistema arcaico ni una curiosidad etnográfica. Es un modelo de gobernanza comunitaria vivo, legalmente reconocido por la Constitución mexicana, que involucra instituciones como la asamblea comunitaria, el sistema de cargos, el tequio y la guelaguetza. Comprender este sistema es fundamental para entender no solo la política oaxaqueña sino la esencia misma de la vida comunitaria en una de las regiones más diversas de América Latina.
Orígenes Históricos
Raíces Prehispánicas
Los sistemas de gobierno comunitario de Oaxaca tienen raíces que se hunden en la época prehispánica. Las comunidades zapotecas, mixtecas, chinantecas, mixes, triquis y de los demás pueblos originarios del estado desarrollaron formas propias de organización social basadas en la reciprocidad, el servicio comunitario y la toma de decisiones colectiva.
En las comunidades zapotecas de los Valles Centrales, el gobierno local descansaba en un consejo de ancianos que tomaba las decisiones importantes mediante consenso. Los miembros de la comunidad estaban obligados a prestar servicios gratuitos para el bien común, y el prestigio social se ganaba no acumulando riqueza sino sirviendo a los demás. Estos principios, que datan de al menos dos mil años, siguen vigentes en las comunidades contemporáneas.
La Adaptación Colonial
Con la conquista española, los sistemas de gobierno indígenas fueron modificados pero no destruidos. Los frailes dominicos y las autoridades coloniales impusieron la estructura del cabildo español, con alcaldes, regidores y síndicos, pero las comunidades indígenas integraron estas figuras dentro de su propio sistema, creando un modelo híbrido donde las formas españolas coexistían con las prácticas prehispánicas.
El resultado fue un sistema de cargos civiles y religiosos que combinaba la jerarquía colonial con los principios comunitarios indígenas. Los gobernantes eran formalmente “alcaldes” según la ley española, pero su autoridad real derivaba del consenso comunitario y del prestigio acumulado mediante años de servicio.
El Reconocimiento Legal Moderno
Durante siglos, los sistemas de gobierno comunitario funcionaron al margen de la legislación formal. No fue sino hasta 1995 cuando el estado de Oaxaca reformó su Constitución y su Código de Instituciones Políticas y Procedimientos Electorales para reconocer legalmente el sistema de usos y costumbres como una forma válida de elección de autoridades municipales.
Esta reforma fue resultado de años de lucha de las comunidades indígenas y sus organizaciones, que exigían el reconocimiento de sus formas propias de gobierno. México se convirtió así en uno de los pocos países de América Latina en otorgar reconocimiento constitucional a los sistemas de gobierno indígena a nivel municipal.
La Asamblea Comunitaria: El Poder del Pueblo
El Órgano Supremo de Decisión
La asamblea comunitaria es la institución central del sistema de usos y costumbres. Es la reunión de todos los ciudadanos activos de la comunidad, hombres y mujeres que han cumplido la mayoría de edad y que están al corriente con sus obligaciones comunitarias. La asamblea es el órgano supremo de decisión: elige a las autoridades, aprueba los presupuestos, resuelve conflictos, decide sobre el uso de los recursos naturales y establece las normas de convivencia.
Las asambleas se convocan regularmente, generalmente una vez al mes, y de manera extraordinaria cuando surge un asunto urgente. La convocatoria se hace mediante el repique de campanas, el sonido de un caracol, el uso de altavoces o mensajes de boca en boca. La asistencia es obligatoria, y la ausencia injustificada puede acarrear sanciones como multas o la suspensión de derechos comunitarios.
El Proceso de Deliberación
En la asamblea, cada ciudadano tiene derecho a hablar y a ser escuchado. Las decisiones se toman idealmente por consenso, no por votación mayoritaria. Esto significa que la discusión puede prolongarse durante horas o incluso días hasta que se alcanza un acuerdo que todos puedan aceptar. Si el consenso no es posible, se recurre a la votación a mano alzada o, en algunos municipios, a la formación de filas detrás de los candidatos.
Este proceso puede parecer ineficiente desde la perspectiva occidental, pero tiene ventajas importantes: las decisiones resultantes gozan de una legitimidad profunda porque todos participaron en su elaboración, y los conflictos potenciales se resuelven durante la deliberación en lugar de estallar después.
La Participación Femenina
Uno de los aspectos más debatidos del sistema de usos y costumbres es la participación de las mujeres. Históricamente, en muchas comunidades la asamblea era un espacio exclusivamente masculino. Sin embargo, esta situación ha cambiado significativamente en las últimas décadas. La reforma constitucional de 2015 estableció que los sistemas normativos internos deben garantizar la participación de las mujeres en condiciones de igualdad.
Hoy, un número creciente de comunidades oaxaqueñas ha elegido a mujeres como presidentas municipales, regidoras y síndicas. En Tlahuitoltepec, comunidad mixe de la Sierra Norte, la participación femenina en la asamblea es activa y creciente. En Santa María Quiegolani, una mujer zapoteca fue electa presidenta municipal en un proceso que sentó precedente para muchas otras comunidades.
El Sistema de Cargos: Servir para Gobernar
La Escalera de Servicio
El sistema de cargos es la columna vertebral de la gobernanza comunitaria en Oaxaca. Consiste en una jerarquía de puestos de servicio que todo ciudadano debe ir ocupando a lo largo de su vida, comenzando desde los cargos más modestos hasta llegar a los de mayor responsabilidad.
Un joven comienza su vida de servicio comunitario típicamente como topil, una especie de policía comunitario que vigila el orden y lleva mensajes. Con el tiempo, va ascendiendo a cargos como comité de la escuela, comité de agua potable, regidor, síndico y, eventualmente, presidente municipal. Paralelamente, existe una jerarquía religiosa donde se desempeñan cargos como mayordomo de la fiesta patronal, sacristán y fiscal de la iglesia.
Las Características del Cargo
Los cargos en el sistema de usos y costumbres tienen características que los distinguen radicalmente de los puestos políticos convencionales:
Son obligatorios. No se puede rechazar un cargo sin consecuencias. Negarse a servir puede significar la pérdida de derechos comunitarios, incluyendo el acceso a la tierra, al agua y a los servicios públicos.
No son remunerados. Las autoridades municipales bajo el sistema de usos y costumbres no reciben salario por su trabajo. Dedican su tiempo y sus recursos personales al servicio de la comunidad. Esto significa que ser autoridad es un sacrificio económico, no una oportunidad de enriquecimiento.
Son temporales. Los cargos duran generalmente entre uno y tres años, y no hay reelección inmediata. Esto impide la concentración del poder y asegura la rotación constante de las responsabilidades de gobierno.
Son escalonados. Nadie puede acceder a un cargo alto sin haber pasado por los cargos inferiores. Esto garantiza que las autoridades tengan experiencia acumulada y conozcan de primera mano las necesidades de la comunidad.
El Prestigio del Servicio
En el sistema de usos y costumbres, el prestigio social no se mide por la riqueza material sino por la cantidad y calidad del servicio prestado a la comunidad. Un anciano que ha completado todos los cargos del sistema es un “caracterizado” o “principal”, una persona cuya opinión tiene un peso especial en la asamblea y cuyo consejo es buscado en tiempos de crisis.
Este modelo invierte la lógica del poder en las sociedades modernas: en lugar de buscar el poder para beneficio personal, se sirve a la comunidad para ganarse el respeto de los demás. El cargo no es un privilegio sino una responsabilidad que se asume con humildad.
El Tequio: Trabajo Comunitario
La Obligación Compartida
El tequio es la institución de trabajo comunitario obligatorio que existe en prácticamente todas las comunidades que se rigen por usos y costumbres. Consiste en la obligación de cada ciudadano de aportar jornadas de trabajo gratuito para obras y servicios de beneficio colectivo.
Las actividades del tequio incluyen la construcción y mantenimiento de caminos, escuelas, centros de salud, sistemas de agua potable, edificios públicos y espacios comunes. También abarca la limpieza de las calles, el mantenimiento de los panteones, la preparación de las fiestas comunitarias y cualquier otra tarea que la asamblea determine como necesaria.
La Organización del Trabajo
El tequio se convoca una o dos veces al mes, con convocatorias extraordinarias en caso de emergencia. Cada familia debe enviar al menos a un representante, y la ausencia se sanciona con multas. Las autoridades asignan las tareas y supervisan la ejecución, mientras los ciudadanos aportan su fuerza de trabajo y herramientas. Las comunidades logran así construir infraestructura que de otra manera sería imposible costear con los presupuestos municipales.
Más que Trabajo: Cohesión Social
El tequio no es solo mano de obra gratuita. Es un ritual de cohesión social que refuerza la identidad comunitaria. Durante las jornadas, los vecinos trabajan juntos, conversan, comparten alimentos y fortalecen los lazos comunitarios. La participación femenina ha ido aumentando en años recientes.
La Guelaguetza Comunitaria: El Sistema de Reciprocidad
Más Allá del Festival
Cuando se habla de la Guelaguetza, la mayoría piensa en el festival de danza que se celebra cada julio en el Cerro del Fortín. Pero la guelaguetza es, antes que un festival, un sistema de reciprocidad que rige las relaciones sociales en las comunidades oaxaqueñas. La palabra viene del zapoteco “guendalizaa”, que significa “ofrenda” o “don”, y se refiere a la obligación de dar, recibir y devolver.
En la práctica, la guelaguetza funciona como un sistema de ayuda mutua. Cuando una familia celebra un bautizo, una boda o una fiesta patronal, los vecinos y parientes contribuyen con alimentos, bebidas, dinero o trabajo. Estas contribuciones se registran cuidadosamente, pues crean una obligación de reciprocidad: cuando el contribuyente celebre su propia fiesta, tendrá derecho a recibir una contribución equivalente o mayor.
El Registro de la Reciprocidad
En muchas comunidades, las familias llevan cuadernos donde anotan cada contribución recibida y cada obligación pendiente. Estos registros pueden abarcar generaciones y constituyen una especie de sistema financiero comunitario basado en la confianza y la palabra. No cumplir con una obligación de guelaguetza es una falta grave que puede afectar la reputación de una familia durante años.
La Guelaguetza en Tiempos de Crisis
El sistema de guelaguetza se activa con especial fuerza en tiempos de crisis. Cuando una familia sufre una desgracia, como la muerte de un ser querido, una enfermedad grave o la pérdida de una cosecha, la comunidad se moviliza para ayudar. Esta red de solidaridad funciona como un seguro social comunitario que protege a las familias de los golpes más duros de la vida.
Los 418 Municipios: Diversidad en la Unidad
Un Mosaico de Sistemas
Los 418 municipios oaxaqueños que se rigen por usos y costumbres no son un bloque homogéneo. Cada comunidad tiene sus propias variantes del sistema, adaptadas a su historia, su composición étnica, su geografía y sus necesidades específicas. Lo que comparten es un conjunto de principios: la asamblea como órgano supremo, el servicio comunitario obligatorio, la reciprocidad y la toma de decisiones colectiva.
En la Sierra Norte, las comunidades zapotecas y chinantecas tienen sistemas de cargos particularmente elaborados, con hasta veinte niveles jerárquicos que un ciudadano debe recorrer a lo largo de su vida. En la Mixteca, el sistema se ha adaptado a las realidades de la migración, permitiendo que los migrantes cumplan con sus cargos a distancia o mediante contribuciones económicas. En el Istmo de Tehuantepec, las comunidades zapotecas incorporan elementos de la cultura juchiteca, incluyendo la participación prominente de las mujeres y los muxes.
Los Municipios Más Pequeños del País
Oaxaca tiene algunos de los municipios más pequeños de México en términos de población. Comunidades de apenas unos cientos de habitantes funcionan como municipios autónomos con sus propias autoridades, su propio presupuesto y su propia estructura de gobierno. Esta fragmentación municipal, que algunos critican como ineficiente, es para las comunidades una garantía de autogobierno y un mecanismo de preservación de su identidad cultural.
La Relación con la Ley Mexicana
El Marco Constitucional
El artículo 2 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos reconoce el derecho de los pueblos indígenas a la libre determinación y la autonomía para “decidir sus formas internas de convivencia y organización social, económica, política y cultural”. Este marco constitucional es la base legal sobre la que se sostiene el sistema de usos y costumbres en Oaxaca.
A nivel estatal, la Constitución de Oaxaca y la Ley de Derechos de los Pueblos y Comunidades Indígenas y Afromexicano del Estado regulan el funcionamiento de los sistemas normativos internos. El Instituto Estatal Electoral y de Participación Ciudadana de Oaxaca (IEEPCO) es el organismo encargado de supervisar los procesos electorales bajo este sistema.
Los Puntos de Tensión
La relación entre los usos y costumbres y el derecho mexicano no está exenta de tensiones. Los principales puntos de conflicto incluyen:
Los derechos individuales frente a los derechos colectivos. El sistema de usos y costumbres prioriza los derechos de la comunidad sobre los del individuo. Esto puede entrar en contradicción con las garantías individuales de la Constitución mexicana, especialmente en temas como la libertad de religión, la libertad de asociación y los derechos de las mujeres.
La resolución de conflictos electorales. Cuando surgen disputas sobre los resultados de una elección bajo usos y costumbres, la resolución puede involucrar tanto a las instituciones comunitarias como a los tribunales electorales estatales y federales, generando jurisdicciones superpuestas y decisiones contradictorias.
La exclusión de minorías. En algunas comunidades, los ciudadanos que profesan religiones distintas a la católica han sido excluidos de la vida comunitaria, incluyendo el acceso al agua, la tierra y los servicios públicos. Estos casos han generado controversias legales que han llegado hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
Los Avances Recientes
A pesar de las tensiones, el sistema de usos y costumbres ha demostrado una notable capacidad de evolución. Cada vez más comunidades incorporan mecanismos de transparencia y rendición de cuentas, garantizan la participación de las mujeres en la asamblea y en los cargos, y establecen canales de diálogo con las instituciones del estado mexicano.
El Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación ha emitido sentencias importantes que buscan equilibrar el respeto a la autonomía comunitaria con la protección de los derechos humanos, estableciendo que los usos y costumbres no pueden ser invocados para justificar prácticas que violen derechos fundamentales.
Un Modelo para el Mundo
El sistema de usos y costumbres de Oaxaca ha despertado el interés de académicos, organizaciones internacionales y movimientos sociales de todo el mundo. En un momento en que la democracia representativa enfrenta una crisis de legitimidad global, el modelo oaxaqueño ofrece una alternativa concreta: una forma de gobierno basada en la participación directa, el servicio comunitario, la reciprocidad y el consenso.
No es un sistema perfecto. Tiene deficiencias reales que deben abordarse, especialmente en materia de derechos de las mujeres, inclusión de minorías y transparencia. Pero su persistencia durante más de dos milenios, su capacidad de adaptación y su reconocimiento legal en el marco de un estado moderno lo convierten en uno de los experimentos políticos más fascinantes del continente americano. En Oaxaca, la democracia no se reduce a depositar un voto en una urna cada tres años: es un ejercicio cotidiano de responsabilidad compartida que involucra a cada miembro de la comunidad.